La ira de Obama 70 años después del Holocausto

El lunes 6 de agosto de 1945 el bombardero B-29 Enola Gay soltó su cargar sobre Hiroshima. La bomba llamada Little Boy cayo a las 8:15h. sobre esta tranquila localidad del sur de Japón que era centro de comunicación, lugar de almacenamiento y área de reunión para la milicia japonesa. La explosión pudo sentirse a más de 59 km. de distancia. El aire se incendió creando una inmensa bola de fuego de más 1 millón de grados centígrados que arrasó todo lo que encontró a su paso. 140.ooo personas perdieron la vida y muchas miles sufrieron mutilaciones y secuelas irreversibles para el resto de sus días. En Emotion Research LAB hemos querido analizar la ira de Obama 70 después del Holocausto.

El luctuoso acontecimiento forzó poco después la rendición de Japón ante los aliados, dándose por concluida la 2ª Guerra Mundial. Desde aquel terrible día, ningún presidente norteamericano había visitado la zona. Jimmy Carter lo hizo como expresidente en 1984, mientras que Richard Nixon acudió en 1964. años antes de ocupar la Casa Blanca.

Este gesto para la historia se enmarca dentro de la voluntad del presidente Barack Obama en su última etapa como presidente, de hacer esfuerzos en política exterior y promover el acercamiento a viejos enemigos, suavizando así las posibles tensiones que pudiera haber. Fruto de ese carácter conciliador fue la también histórica visita a Cuba que acababa con 88 años de distanciamiento y que también analizamos en nuestro Barómetro Político Emocional.

La ira de Obama 70 años después del Holocausto

Se había anunciado desde hace tiempo que el líder norteamericano no pediría disculpas por aquella tragedia provocada por el entonces presidente Harry S.Truman. Sin embargo, Obama acudió al parque Memorial de la Paz junto con el primer ministro japonés Shinzo Abe con un mensaje de reconciliación. Tras la ofrenda floral en honor a los caídos, un silencio casi religioso se ha impuesto. El mandatario ha querido recalcar en su discurso que venía a “rendir homenaje a los muertos” Ante la emoción contenida de los hibakusha, supervivientes estigmatizados por la tragedia, ha dicho que la memoria de lo ocurrido “no debe desvanecerse nunca

Su alocución quiso ser un alegato por el pacifismo, aludiendo a los más nobles sentimientos del ser humano. Sin embargo, al hablar de los horrores del holocausto atómico, mostró altos niveles de ENFADO. A pesar de no mostrar arrepentimiento, dijo que “compartimos la responsabilidad de mirar directamente a los ojos de la historia y preguntarnos qué podemos hacer para evitar que ese sufrimiento llegue a repetirse”  Esto puede interpretarse como un acto de contrición que tomó profundos tintes humanistas al decir  “debemos cambiar la manera de pensar misma del mundo”  La RABIA fue su emoción predominante fruto del fracaso de su idea de promover una cumbre para acabar con las armas nucleares, como ya manifestó hace siete años en Praga.

La visita del mandatario americano ha contribuido sin duda a normalizar las relaciones bilaterales entre dos potencias económicas que miran con recelo a Corea del Norte como la nueva amenaza para el Orden Mundial.