Éxtasis y luego disgusto en la declaración de independencia de Cataluña

Los ojos del mundo están puestos en Cataluña. Tras los incidentes del día 1 de octubre entre ciudadanos de Cataluña que intentaban votar y las fuerzas de seguridad del Estado, había gran expectación por ver qué pasos seguiría el Govern. En declaraciones posteriores, la cúpula de la Generalitat mostró ostentóreamente su enfado.

La tensión es máxima. Las autoridades de la Generalitat mostraban su intención de seguir adelante. Por su parte, el Gobierno de España esperaba la anunciada declaración para actuar en consecuencia. El choque de trenes estaba anunciado.

Parecía que el President de la Generalitat, con el respaldo de sus socios de gobierno, haría el esperado anuncio. Momentos antes de su comparecencia, se solicitó un aplazamiento. Al parecer, Junts pel Si se reunía con la CUP para revisar el documento. Nadie sabe con certeza qué pasó pero Puigdemont cambió el guión pactado con el partido anticapitalista.

Los acontecimientos se precipitaron y el discurso comenzó con más de una hora de retraso.

Primero éxtasis y luego disgusto en la delcaración de independencia, todo en menos de un minuto

El discurso de Carles Puigdemont ha sido muy solemne. Se notaba un ambiente solo reservado para las grandes ocasiones.

Tras desgranar los hechos que les han llevado a este punto, su tono se ha tornado grave.

Carles Puigdemont comienza el momento clave diciendo “Como President de la Generalitat…”, mostrando una fuerte DICHA y ÉXTASIS. Sabe que esta situación es histórica y acepta su papel protagonista con responsabilidad.

Continúa con “asumo el presentarles los resultados del referendum delante de todos ustedes”, donde vemos una profunda emoción de DESCONTENTO. Es indudable que cualquier mención al referendum produce en él emociones negativas. Recuerda con seguridad los hechos acaecidos en toda Cataluña.

Cuando llega el momento cumbre dice “…el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de República”, reflejando una altísima INCOMODIDAD primero y ÉXTASIS después. Es consciente de la tensión provocada por la declaración, una situación sin precedentes. De ahí su incomodidad. No obstante, la solemnidad de un hecho tan ilusionante para él se traduce en un éxtasis pleno.

Más tarde sentencia “…el gobierno y yo mismo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia”, siendo este el momento de mayor intensidad dialéctica. Sus emociones de ASCO y DISGUSTO son más que notables. No es nada agradable tener que verse obligado a suspender la declaración. Esto le sume en un estado de desdén claro.

Lanza una oferta soterrada al gobierno español al decir “…para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo”. Su incertidumbre es realmente enorme por lo que muestra INTRIGA. Continúa con “…sin el que no es posible llegar a una solución acordada” donde es muy clara su emoción de RECHAZO. Indudablemente no es la opción que más le agrade. El tener que depender de otros para proclamar la independencia no le gusta en absoluto.

¿Y ahora qué?

Al finalizar la comparecencia, los miembros de la coalición de gobierno firmaron una declaración conjunta. En un extraño acto, rubricaron una declaración de independencia que se había producido y anulado a la vez. Además, el Parlament no había ni siquiera votado dicho documento, quedando en entredicho la validez del mismo.

Todo apunta a que este extraño movimiento ha buscado ganar tiempo. La trágica sangría de empresas que abandonan Cataluña es un hecho imposible de pasar por alto. Además, el Govern confía en que alguien dentro de la Unión Europea acepte la invitación a mediar.

El Estado español ha activado los mecanismos para la aplicación del artículo 155 de la Constitución. El presidente Mariano Rajoy ha requerido al de la Generalitat que aclare si la declaración existe o no. Incluso si esta no se produce, el aparato del Estado podrá intervenir, suspendiendo probablemente la autonomía.

Carles Puigdemont está en una encrucijada dificilísima en estos momentos. De una parte, si accede a las exigencias del Estado, acabará con años de ilusión independentista. Sus socios de gobierno es muy probable que le abandonen. Esto nos conduciría a nuevas elecciones.

De otra, si sigue adelante con la proclamación de la república, el peso de la ley caerá sobre él y su gobierno. Aún no sabemos qué puede pasar pero indudablemente la respuesta del Estado tendrá una contundencia jamás vista en democracia.

En este momento histórico, seguiremos con atención el devenir de los acontecimientos.