Las emociones de Trump, el desafío del mundo

Un alto nivel de contraste entre su alto nivel de seguridad, y un compromiso medio.

La ira que favoreció el voto del magnate, ¿le servirá como Presidente de la nación más poderosa del mundo?

Un mandato que como nos indican las emociones de Trump ya se perfila como un desafío mundial. Muy pocos apostaban por lo que hoy es una realidad. Donald Trump fue elegido Presidente de los EEUU y el 20 de enero tomará posesión de su cargo como presidente número 45. En las escaleras del Capitolio de Washington, comenzará oficialmente su mandato.

Desde Emotion Research Lab hemos analizado cada paso de Trump en su camino hasta la Casa Blanca. Desde que fue designado candidato republicano hasta el día de hoy. Las emociones de Trump durante estos meses han resultado de gran ayuda para comprender cómo es el magnate, qué pretende hacer y cuáles son sus principales cualidades y defectos.

Frente a una Hillary Clinton que presentaba una candidatura muy esperada y previsible, Donald Trump se erigió como baluarte de la defensa de los valores, aspiraciones y anhelos de la clase media blanca norteamericana.

Inicialmente, el magnate basó su presencia mediática en una campaña agresiva que sorprendiese a un segmento social de difícil persuasión. Progresivamente y, al tiempo que su candidatura se iba solidificando, su propuesta fue perdiendo su vertiente más sorprendente y espontánea hasta formalizarse progresivamente en una candidatura sólida al uso. ¿Cómo se hizo notar esto en sus emociones?

¿Cómo evolucionaron las emociones de Trump?

las emociones de trump enfado y sorpresa

Donald Trump decidió, fijándose en la caída que su candidatura sufría en las encuestas, polarizar su discurso y crear un típico discurso de la ira contra la clase política tradicional. En un primer momento, el discurso de Trump se caracterizó por exteriorizar emociones negativas como el enfado y la tristeza. Trump trataba de crear una estrategia de la ira y sus discursos se basaban en enfadar al electorado. Pero poco a poco, como observamos en la gráfica, esta ira fue decreciendo con el pasar de los meses. Y pasó de ser una de las emociones predominantes en su discurso a casi no aparecer y ser sustituida por otras emociones positivas como la sorpresa que al principio de su actuación era casi imperceptible. Trump modificó su discurso consciente de que solo con la estrategia de la ira, ganar no iba a ser fácil.

las emociones de trump patrón emocional

El transcurso de los mencionados debates contra Clinton destaparon emociones negativas como la ansiedad o la decepción, siendo esta última especialmente reiterada a la hora de justificarse y pedir perdón por la filtración de un vídeo machista. Las emociones de Trump han sido, en general, más negativas (60%) que positivas (40%) en su camino a la Casa Blanca. Esto resulta coherente con su discurso, sus ideas y la imagen que ha pretendido dar. Así como Obama llegó a la Casa Blanca con un mensaje de positivismo y unión, Trump se ha desmarcado totalmente de esta posición.

las emociones de trump perfil emocional

Si hay dos cosas que no se le puede negar al nuevo Presidente de los Estados Unidos, es la auto seguridad que transmite. Y no es una fachada. Sus emociones indican que sus niveles de seguridad han sido altos durante toda esta trayectoria. Trump no tiene miedo. No ocurre lo mismo con la confianza y el compromiso que proyecta, donde sus niveles decrecen considerablemente. Sus cotas de felicidad suelen ser débiles, lo que hace que no transmita una imagen responsable de cara al electorado.

Hemos observado como Trump fue modificando su discurso, y sus emociones, para acercarse a los deseos del electorado estadounidense en cada momento de la campaña. Tal vez eso fue lo que le faltó a Clinton. Y fue lo que los medios de comunicación y las encuestas no supieron ver. Una nueva forma emocional de hacer política se está abriendo paso. Trump ha sido pragmático y ha sabido ver el lugar donde posicionar su mensaje. Y además sin dejar de lado su imagen soberbia y controvertida.

Algo es innegable. Las emociones en política están más de moda que nunca. Trump ha aprovechado el descontento del electorado y lo ha hecho suyo. Y ha triunfado. Hasta llegar a conquistar el cargo político de mayor poder mundial.