Las emociones de la segunda sesión del debate de investidura

Visto lo visto, quizás sea más apropiado que medir a los políticos, medir a los ciudadanos y el resultado, seguro, sería el aburrimiento. Y es que tras un debate de casi 5 horas y una investidura fallida con mayoría en contra, todo parece indicar que estamos muy cerca de unas terceras elecciones. Así se recoge del análisis de las emociones de la segunda sesión del debate de investidura.

¿Iremos a las urnas el 25 de diciembre? El 60% del comportamiento es predecible por las emociones. Las emociones de cada uno de los líderes nos dan pistas claras sobre los siguientes pasos.

Un Sánchez dominado por su guerra personal con Rajoy

De Sánchez se esperaba que mostrase su alternativa a la situación del NO, NO, Y NO. Pero eso no llegó. Sánchez retomo la misma postura del debate cara a cara con Rajoy mientras la IRA era una de sus principales emociones. Y es que no hay que olvidar que de esas aguas vienen estos lodos, y el “España necesita un presidente decente y usted, señor Rajoy, no lo es” reveló algo que hoy sigue patente. Una guerra personal de Sánchez a Rajoy. De hecho, la primera intervención de Sánchez ha sido un ataque directo y centrado en la persona de Rajoy y no en el PP. Pero, ¿qué hay detrás de su ira? Rencor cuando Rajoy no apoyó su investidura que aparece, cuando encontramos el ÉXTASIS de la venganza.

A pesar de los ataques de Rajoy afirmando que se le recordara por ser el culpable de llevar a España a unas terceras elecciones, es interesante analizar que sin duda este proceso que estamos viviendo representa un binomio de elección en cuanto a la estrategia: o ser el que llevó a España a unas terceras elecciones o ser el que evitó que Rajoy gobernase. Parece lo mismo, pero no. Y Sánchez, de momento, ha elegido mantenerse inamovible en ser el que hizo que Rajoy no gobernase.

Y además hay pistas muy evidentes en sus reacciones emocionales:

El acuerdo de PP – Ciudadanos no le produce enfado, más bien una alta neutralidad. Es decir, que hayan llegado al acuerdo parece no generarle ningún tipo de tensión emocional ni por tanto necesidad de reflexión.

Su discurso en algunos momentos está marcado por la ALTIVEZ, y ha centrado toda su carga emocional en, con un impulso basado en la ira, dejar constancia de un único mensaje que Rajoy no es capaz y no tiene credibilidad. Y en ocasiones llegamos a ver la emoción de ASCO.

Por tanto, ¿habrá algún cambio en la postura de Sánchez? Parece que la respuesta es un claro NO.

¿Una alternativa de izquierdas?

Retomando esa esperanza de ver alternativas, ayer se vio a un Iglesias tendiendo una mano a Sánchez como una opción viable de izquierdas si el viernes falle la investidura. Pero la secuencia de reacciones emocionales de Sánchez frente a la mano tendida de Iglesias fueron las siguientes:

ÉXTASIS de Sánchez cuando Iglesias le agradece que, a pesar de no haber tomado una decisión, haya paralizado un gobierno de Rajoy. Sin embargo,  ENFADO cuando Iglesias le dice que tienen muchas cosas diferentes, pero tienen que entenderse. En resumen, le complace que Iglesias reconozca su postura, pero no está dispuesto a negociar una alternativa de izquierdas.

El papel de Rivera

En sus intervenciones le hemos visto muy tranquilo y atemperado. Es el que menos tenía que perder y se notaba. En su discurso ha repetido las palabras de los días anteriores recalcando que “estamos hablando con los que no se hablan y acordando con quienes no acuerdan”. Sin duda es el que más se cree aquello de “sentido de estado”.

De la intervención de Rivera llama la atención el ASOMBRO y el PÁNICO ante el bloqueo.

De los distintos análisis realizados a Rivera en el proceso electoral desde el pasado diciembre, hemos visto que es el líder con mayor independencia de sus emociones, resultando por tanto coherente sus emociones con lo que verbaliza (independientemente de que muchas veces sean cosas distintas). Podríamos asegurar que desde el punto de vista del liderazgo político emocional, Albert Rivera tiene una proyección interesante.

Sin embargo, es interesante resaltar que durante su intervención, Sánchez mostró AVERSIÓN y DISGUSTO cuando Rivera se dirige a él y, en cambio, Rajoy mostraba una total NEUTRALIDAD a sus palabras.

La ironía de Rajoy y el fastidio de estar allí

El discurso de Rajoy del día 30 sin duda fue un ejercicio de contención emocional que tras el argumento de tres pilares básicos en los que basa su candidatura, nos encontramos con un Rajoy que experimentaba PÁNICO ante una investidura que ya sabía fallida. Un discurso plano que se convertía en verdadera ira al referirse a la constitución de 1812 y lo enfrentaba directamente a la tribuna de Pablo Iglesias.

Por tanto, en base a las reacciones emocionales de cada uno de los líderes la respuesta es clara. Acudiremos a unas terceras elecciones. Otra cosa será si alguien pone remedio.