El emocionante encuentro entre Obama y Castro

Después de 88 años, un Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, visita Cuba en un estado emocional de ÉXTASIS y JÚBILO.

Sus emociones ya se han traducido en acciones, al pedir al Congreso de los Estados Unidos que levante el embargo a Cuba, algo que muy probablemente acreciente su popularidad entre los que están a favor de esta medida y constituye un guiño hacia el Presidente cubano con tal de que cambie su parecer y no tema la amenaza de EEUU.

Como se muestra en la imagen anterior, el encuentro comenzó con un saludo amigable entre los dos mandatarios que mostraban su compromiso y confianza en este encuentro, a juzgar por su estado emocional de ÉXTASIS mostrado ante los medios de comunicación, relegando a un segundo plano  la vulneración de los derechos humanos, la existencia de presos políticos y/o el bloqueo de EEUU, como muestran los niveles plenos de activación emocional.

Barack Obama ha jugado bazas de cercanía en su línea de comunicación cercana con los destinatarios de su mensaje. En este caso ha querido ganarse al pueblo cubano, dirigiéndose a ellos en español. Esta cercanía ha ido acompañada de un correcto manejo emocional que se ha transmitido en su rostro, en concreto en los momentos clave analizados en esta crónica.

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, no todo el gobierno cubano está cómodo con la visita del líder americano a la capital cubana. En el momento en que sonó el himno americano en la Plaza de la Revolución, Obama, con la mano en el corazón, lo escuchó al lado de Salvador Valdés Mesa, Vicepresidente del Consejo de Estado cubano y miembro  del Comité Central del Partido Comunista.

El emocionante encuentro entre Obama y Castro

La anterior imagen muestra la falta de autocontrol de Valdés Mesa, dominado por la IRA con la que estaba viviendo esta situación. Salvador Valdés Mesa ha pasado toda su trayectoria política vinculado al Partido Comunista por lo que es coherente que una situación tan atípica como la de recibir en su propio país al  líder de una potencia que le resulta tan hostil por su práctica del capitalismo, le produzca cierta antipatía.

Aunque su predisposición anímica no sea ecuánime, es indudable que ambas administraciones están dispuestas a mejorar sus relaciones bilaterales principalmente en materia económica y política.

Esta visita de Obama a Cuba, más bien simbólica, pasará a la historia como el reencuentro histórico de dos países, lo que formará parte de nuestro recuerdo y particularmente de los directamente interesados en este acontecimiento de relevancia mundial.