Clinton y Trump, atrapados en emociones negativas

El segundo debate presidencial estuvo marcado por sentimientos negativos que al final, deja un saldo que no favorece a ninguno de los candidatos. Donald Trump ratifica su perfil beligerante que lo aleja de una percepción de un “hombre de estado”, del gran estadista que demandan los americanos. Por su parte, Hillary Clinton dejó pasar la oportunidad de marcar un diferencial determinante respecto al candidato republicano. Las emociones negativas los llevan a un juego de suma cero, donde ningún candidato ganó.

Trump llegaba al segundo debate presidencial tras uno de los momentos más tensos de la campaña. El vídeo filtrado donde relataba su opinión ofensiva hacia las mujeres había logrado que, incluso miembros de su partido, pidieran su cabeza. Pero él se negó. Trump, ante las adversidades, es más Trump que nunca. Clinton se erigió en su estrategia de dejar que Trump hablase. Y que así profiriera ante la audiencia algunas de sus ya clásicas salidas de tono. Las emociones negativas en los dos candidatos han sido coherentes con los temas tratados en sus discursos.

El primer debate mostró a un Trump con bajos niveles de autocontrol y una Hillary asombrada. En este segundo debate, las acusaciones personales lograron imponerse ante otros temas vitales como la economía o el gasto público. Y ambos candidatos pudieron salir airosos. Ante tantas asperezas, un ciudadano estadounidense, en lo que era un debate abierto al público, logró que los candidatos a la Casa Blanca compartieran algo positivo de su rival. Hillary valoró la educación de los hijos de Trump y el candidato republicano apreció que Clinton “nunca se rinde”. Pero antes de esos cumplidos, el debate fue uno de los más tensos que se recuerdan.

El arrepentimiento de Donald Trump

 

Trump volvió a disculparse por los dichos de su vídeo contra las mujeres, y trató de desviar el tema hablando del ISIS. Contrariamente a lo que podía creerse, mostró su arrepentimiento de manera coherente. Las emociones negativas que mostró eran consistentes con su mensaje. El candidato republicano presentó PENA, IRA, SOBRECOGIMIENTO, PESADUMBRE, AVERSIÓN e incluso DECEPCIÓN en sus palabras. Trump ha demostrado su menosprecio a los latinos y a las mujeres en numerosas oportunidades, pero todo indica que, en esta ocasión, su arrepentimiento es certero.

La lucha contra el ISIS es otro de los temas más recurrentes en la campaña de Trump. La TRAICIÓN al hablar de las torturas del autodenominado Estado Islámico demuestran el enfado, la tristeza y la PENA que le provocan dichos actos violentos. Estas emociones negativas se mezclan con la EXCITACIÓN que le causa hablar de las medidas que él tomaría contra ellos. Por todos es sabido el fuerte belicismo de Trump. Y aquí se demuestra una vez más. Otra de las claras muestras de coherencia del candidato republicano con la animadversión que le produce el ISIS es el ODIO que trasmite al nombrarlo. Trump odia al ISIS y está dispuesto a todo para derrotarlo.

La aparente confianza de Clinton

 

La candidata demócrata se mostró menos sonriente y relajada que en el primer debate que les enfrentó el pasado septiembre. Sin embargo, eso no le impidió que, de nuevo, todas las encuestas le den como ganadora de este segundo debate. Clinton tuvo que soportar que Trump amenazara con encarcerlarla si llega a ser Presidente de Estados Unidos. No le respondió. Ella tiene clara su estrategia. No sucumbir a los fuertes ataques de su rival. Aunque Trump lo intente de todas las maneras posibles. Incluso llevando al debate a cuatro mujeres que acusan a su marido de abusos sexuales y acoso.

Clinton trató de mostrar confianza en su victoria parafraseando a la Primera Dama Michelle Obama y aunque trató de parecer segura y positiva, en ella también surgieron emociones negativas. A pesar de tratar a Obama como “mi amiga”, la IRA y la REPULSIÓN aparecían en sus gestos. ¿Tal vez la relación entre ellas no sea tan estrecha como quieren aparentar? “Cuando ellos se rebajan, nosotros nos elevamos” fue la frase que eligió para demostrar la fortaleza del partido demócrata frente al republicano. Justo ahora que incluso dentro del partido de Trump, se pide su cabeza. A pesar de ello, Hillary Clinton no parece demasiado segura de ello, como se transmite de la IRA y el PÁNICO de sus palabras.

Fue un debate tenso, lleno de emociones negativas y desplantes personales. Trump se mostró más humano, incluso arrepentido de sus palabras. Hillary ya no está tan relajada ni es coherente con la fuerza del mensaje que quiere transmitir. Falta todavía un último debate. La última oportunidad de ambos para convencer a los norteamericanos y decantar su voto hacia una u otra opción.